Es sorprendente como vivimos meses en dos días, el mundo en si mismo, con su propia esencia que en gran parte somos nosotros, todos nosotros, es una obra de arte imposible de evitar mirar, porque tampoco queremos dejar de hacerlo. Las veinte mil millones de personas que habitan la tierra forman el todo del que siempre queremos formar parte un poco más. Cada día conocemos algún nuevo personaje que activa nuestra mente, siempre atraemos miradas que nos resultan necesarias, que son como una carga a la batería interna de cada uno. Y los sentimientos que solo se transmiten por ondas invisibles a través de un mecanismo inalámbrico, siempre nos generan sonrisas, penas, sustos. El cruzarte con prototipos ideales, que descubrís lo ideales que son en el momento en que te los cruzas, porque si no, no serían prototipos. Tus propios movimientos instantáneos, el trabajo de tu misma mente te sorprende. Está todo echo tan independiente, que nos cuesta abrir lo suficiente los ojos para observarlo. Porque en realidad, vos haces lo que querés hacer, y nadie te impedirá ese momento de satisfacción en el que pisaste las hojas secas de los árboles, cuando saliste a bailar bajo la lluvia o cuando cantaste a gritos tu canción favorita. Siempre buscamos estirar los brazos un poco más del diámetro que tienen, y creemos que no podemos hacerlo porque tenemos una pared en frente, y si querés, puedo facilitarte un martillo para destruir esa pared, pero difícil me va a resultar un implante para estirar tu brazo. Sonreír por lo que somos, no por lo que podríamos ser.
Alma.
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