jueves, 20 de noviembre de 2008
IV
Cualquier cosa insignificante significa algo para cualquiera. La tuerca que se encontró el día que un hombre en bicicleta le regaló una sonrisa, la botella de coca-cola que su amigo le regaló hace tres años, el folleto que le entregaron cuando consiguió trabajo. El papel de chicle que le regalo su amor platónico. Todo, en absoluto. Cosas que conservamos, que quizás con el tiempo olvidamos su significado pero sabemos que si lo guardamos por alguna razón debe haber sido. Acarreamos cosas durante nuestra vida, llenamos nuestros bolsillos de chucherías. Un día nos vamos de viaje y todo quedó olvidado sobre aquel escritorio. La primera carta de tu ex novio, una flor seca que te regalaron y guardaste dentro de un libro, el mismísimo libro, la llave que te encontraste y mediante la cual armaste una historia pensando que esa llave abría el corazón de cualquier persona. La decepción que tuviste al darte cuenta que no era así, y olvidaste la llave ahí, como todo el resto de las cosas. Tres años después te olvidaste de la existencia de ellas y solo fueron un montón de recuerdos olvidados en un rincón. Años más regresas a tu antiguo hogar, y entras a tu antigua habitación, te diriges a ese rincón y observas una por una las cosas que habías olvidado. Se te llenan de lágrimas los ojos, y acabas recordando toda esa gente que formó parte de esas y que también olvidaste, porque se difuminaron en el paisaje de tu mente. Entonces te das la cabeza y caes en la cuenta que todo lo que acumulas y lo que vives, no lo haces más que para que alguna vez te acuerdes, fue un placer del momento que bien podría no haberlo sido, porque solo dura lo que duró, y después solo queda ahí flotando entre lo que querés recordar y lo que decides olvidar hasta que alguien aprete tu nariz y active el retrovisor de recuerdos. Pensar que siempre caminaste solo y en un momento notaste que a veces precisas que te den una mano para bajar de una reja, o una compañía para correr más rápido ante el peligro. Le damos todo a esas personas, esas personas que lo reciben con sonrisas, y quizás hasta te quedas grabado en el boleto de colectivo que aquella vez había tomado, y desde ese día, junta todos los boletos de colectivo de sus viajes.
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